Cabellos dorados

Vamos tres días consecutivos, cuando digo vamos me refiero por la vida, porque tú por tu camino y yo por el mío. Sorprendente seria que hiciéramos una parada e ingeniáramos la manera de cruzar nuestros destinos. Te he visto caminar, siempre a la misma hora y siempre en el mismo lugar, pero eres tú quien siempre es diferente, cada día que pasa te encuentro más bella que el día anterior. Indudablemente es en ese instante cuando el viento mese tus cabellos dorados, que sospecho como tu presencia se aleja de la realidad. No encuentro palabras para decirte y que me permitan acercarme, tal vez no las necesito pero si un poco de coraje para entregarte las que te he escrito. Puedo elevarme por horas en mis pensamientos descifrando lo que puede pasar, lo más conveniente es que me detenga porque ya no quiero tenerte en mis sueños, pero si en mi realidad. Simplemente lee esta carta de principio a fin, házmelo saber y entenderé que unos minutos de tu vida me pertenecieron, así también puede abrirse la posibilidad de que perdure en el tiempo, de lo contrario sentiré que las palabras que te he escrito con profundo sentimiento se las llevo ese mismo viento que arrullaba tus cabellos. By: Güstav Rc’mor 

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La señora del anillo

Despiertas cada día sin saber que pueda pasar en el transcurso. Sin esperarme me vio llegar, no salían palabras de nuestras bocas pero si de nuestras miradas, era tanta la conexión que ya se hacían necesarias. Allí nos encontrábamos, en las afueras de la ciudad con un bello paisaje, en donde el frio pide a gritos la presencia del calor, la temperatura era tan baja que ni el frio se soportaba, para su fortuna el fuego que anhelaba en nosotros se encontraba. En la siguiente semana las llamadas aumentaban y el deporte era la excusa que siempre nos acompañaba. Frecuentábamos trotando la cima de una montaña, siempre existió ese punto donde nuestros corazones se aceleraban pero esto no era a causa de la presión cardiaca. La madre naturaleza también se implicaba, prestando su escenario para cada expresión romántica, después de la admiración nuestros cuerpos ardían con tanta pasión como si pensaran que pronto se extinguirían. Un ocaso mientras la tenía en mis brazos comprendí que las confesiones pueden alargar la historia o tan solo limitarla. Ella es la señora del anillo, el cual puso en su mano derecha esa tarde mientras avanzaba en la confesión. Fue una ilusión de amor lo que sentimos, pero escrito esta y lo que ha unido Dios que no lo separe el hombre. La intensidad de los recuerdos continúa presente y el valor de haber tomado esta decisión aunque dolorosa, probablemente traiga consigo una satisfacción más grande. By:Güstav Rc’mor