Esa sensación

La misma que sentí cuando vi el reflejo de mis ojos en tus ojos cristalinos.

No quería ver tu rostro dando marcha atrás.

Podría ser la última vez.

Se me derrumbo todo por dentro.

No podía contener las ganas de llorar.

Mis ojos se convirtieron en un rio.

En el nade para encontrarte una vez más.

No podía dejar de pensarte.

Tu recuerdo atenuaba mis lágrimas aún más.

Pensé en cada momento que vivimos,

Y comprendí que nada podía borrarte.

Dejaste tus labios marcados en mí.

Jamás podré olvidarte.

Sentí un nudo en la garganta.

Se me dificultó respirar.

No quería continuar.

Si la muerte me visitara solo me dejaría llevar.

No se presentó.

Solo podía encontrar salida en el llanto.

Una salida tenue que al despertar se desvanecía.

Quien te lloraba no era yo.

Era mi alma.

Hasta a ella la tocaste.

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En cambio yo…

Ya no podía sentirte.

Ya no podía besarte.

Ya no podía tocarte.

¿Qué hago ante la despedida?

Es irremediable.

No cambiaria este momento.

Porque el sufrimiento lo hace perfecto.

Te entrego mi dolor.

Fue lo último que jamás pensé entregarte.

Por siempre me recordaras.

Por siempre te recordare.

Tal vez fue poco o mucho.

Pero lo fue en la medida exacta.

Lo fue en la medida perfecta.

Y solo fue hasta que vuelvas.

By: Güstav Rc’mor

 

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