Mi cárcel

Siempre he estado aquí.

No sé porque entraste en este lugar.

¿Cuál es tu fin?

Aprecio tu compañía.

No sé si es eso lo que realmente me brindas.

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Es bonito sentir tu presencia.

Eso no quiere decir que sea perfecto.

Me lastimas.

¿Cómo un ser envuelto en ternura puede afectarme tanto?

Fragmentas y reconstruyes mi corazón.

A veces quisiera no verte.

Prefiero tener incertidumbre a saber la verdad.

Que loco, siempre estamos buscando la verdad.

La verdad me lastimaría mucho más.

Opto por alejarme de ella.

Siento que encontraste la manera de manipularme.

Caigo una y otra vez en tu juego.

Vuelvo a ti porque te encuentro vulnerable.

Te ofrezco mis brazos.

Y después del consuelo solo quieres atacarme.

Yo no soy el causante de tu dolor.

Pero te empeñas en hacérmelo creer.

Te miro fijamente, eres hermosa.

Contemplo cada milímetro de tu piel.

Siento miedo.

En un algún momento lo que tanto contemplo me hará sufrir.

Físicamente puedo soportar.

Mentalmente lo dudo.

A veces quiero huir y dejar todo atrás.

Olvidar que te conocí.

Cuando trepo a lo más alto porque encontré una salida.

Miro hacia abajo y te veo allí tan tranquila.

Que solo deseo recostarme junto a ti.

Y sentir que todo esto es una pesadilla.

Me dejo soltar y caigo de nuevo a ti.

Sé que sientes miedo.

Me esfuerzo para que no sea así.

Me esfuerzo para darte lo que a mi parecer mereces.

Cuando siento que lo estoy logrando.

Vuelves a arrebatármelo todo.

Como si nada de lo que hiciera sirviera.

Tal vez te gusta causar dolor.

Y yo me estoy acostumbrando a él.

Solo por no perderte.

Después de la melancolía.

Cuando mi llanto se ha evaporado.

Me siento tan valiente que quiero darte en la misma medida que me ofreces.

Podría golpearte si tal vez de esa manera reaccionas.

Pero cuando siento el calor de tu piel.

Mi valentía se desmorona.

Prefieres escapar a consolarme.

Es mi cárcel no la tuya.

Lo entiendo.

Desespero al verme aquí de nuevo.

Porque pongo todo mi esfuerzo y no es valorado.

Siempre estoy dando más de lo que debería.

No tengo una medida exacta para determinar hasta cuanto puedo ofrecer y a quien.

Me aferro al pensamiento de que eres la niña de mis ojos.

Eso me inyecta dosis de tranquilidad.

Me siento especial.

Noto que puedes reconocer el daño que me haces.

Pero no lo suficiente para sacarme de mi prisión.

Posiblemente soy yo quien se aferra a ella.

Ha estado tanto tiempo conmigo que se ha vuelto parte de mí.

No sé si contaras con la paciencia suficiente para sacarme de aquí.

Yo ya no quiero luchar.

Si el viento me continúa impulsando por caminos de dolor.

Me dejaré llevar.

He aprendido a soportar.

Mi cárcel es mi soledad.

By: Güstav Rc’mor

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